viernes, abril 28, 2006

Pollock


Siguiendo en la línea de mi devoción por el expresionismo abstracto, tenemos en Jackson Pollock a uno de sus máximos representantes.

La verdad es que me gustan las tres épocas que pueden diferenciarse en su pintura, pero desde luego me quedo con la que le hizo muldialmente famoso, y en la que usó el action-painting o dripping. La última etapa, muy figurativa y utilizando básicamente el blanco y negro, es también excepcional.

Sus cuadros me inspiran una sensación de ordenado caos, con una belleza inexplicable, y una especie de poesía interna que va del lienzo hasta lo más profundo de nuestra imaginación. Observarlos con detenimiento es una experiencia única.

Desgraciadamente Pollock falleció muy joven, con tan sólo 44 años, debido a un accidente de tráfico. Pero nos dejó para el resto de la historia su extravagante y maravilloso arte.

sábado, abril 22, 2006

Space Oddity


Literatura, pintura, cine... ya tocaba un post de música.

Comenzaré por uno de los genios del siglo XX, y desde luego por uno de los artistas que marcó mi infancia más tierna: David Bowie.

Esta canción, Space Oddity, fue su primer gran éxito, allá por 1.969, aunque yo la escucharía por primera vez en 1.980, con apenas ocho añitos. Luego la escucharía muchas veces, repetidas veces, sin descanso. Para mí, que entonces no entendía el inglés, contenía un mensaje desesperado y desgarrado con el que me sentía completamente identificado. Luego supe que así era, de algún modo, aunque no tal y como yo lo imaginaba.

Esta canción está basada en otra obra genial: "2001, una odisea del espacio", de Kubrick. También se dice que tiene un mensaje oculto sobre las sensaciones del joven Bowie cuando se drogaba...

Mientras escribo suena esta maravillosa música, de letra un tanto provocativa. Y sigue produciendo en mí las mismas sensaciones que cuando era niño: desazón, pérdida, tristeza, agonía, soledad... Es increíble como al mismo tiempo puede hacerme feliz.

Gracias señor Bowie por esta pieza de ensueño.

miércoles, abril 19, 2006

Juegos de la Edad Tardía


Cómo no, tenía que dedicarle un post a esta novela, entre las mejores que se hayan escrito nunca en lengua castellana (y, vamos, en cualquier otra lengua).
Me la regalaron a principios de 1.990, en una época en la que había dejado los estudios (por primera vez) para dedicarme a escribir en exclusiva. Contaba 17 años e iniciaba una etapa en la que fui capaz de escribir más de 3.000 páginas en un solo año, y en la que leí, en el mismo período, cerca de 600 libros. Jamás he vuelto a ser tan prolífico en ninguna de las dos actividades.
Luis Landero escribía desde joven, más como hobby que como profesional. Y dedicó muchos años a esta novela. Y tuvo muchas dificultades para verla publicada. Ya dediqué otro post a "La conjura de los necios", obra que casi perdemos para siempre (desgraciadamente, perdimos a su escritor). Desde entonces ha publicado poco, pero siempre bueno, aunque nada tan magistral como esta pieza de ensueño.
"Juegos de la edad tardía" está escrita maravillosamente: estructura clásica, perfección gramatical, metáforas deslumbrantes, ritmo casi poético... Pero es que además tiene un argumento que engancha, que fascina y con el que podemos sentirnos identificados cualquiera de nosotros. La realidad y el deseo. La posibilidad de volver a empezar. El fracaso y el éxito. La búsqueda de la felicidad, la nuestra, única, a cualquier precio: incluso el de peder la propia cordura. Obra emparentada directamente con los clásicos, y sobre todo con Cervantes y Faulkner, y con los poetas de la generación del 98.
Una lectura casi obligada (hay que leer por placer) y que tiene que estar ya en nuestros institutos, al lado de otras obras maestras de nuestra literatura del siglo XX como "Tiempo de Silencio", "El Camino", "La Familia de Pascual Duarte", "Nada" y tantas otras...
A mí me deslumbró. A mí me animó a seguir leyendo/escribiendo. A mí me hizo seguir soñando.

lunes, abril 10, 2006

La Real


Tras un post "trascendental" toca uno un poco más irreverente. Y es que mi equipo de toda la vida, la Real Sociedad, está pasando por unos momentos complicados, y no hay mejor momento que este para mostrarle todo mi afecto y apoyo.

Soy de la Real desde niño, desde la Liga 79/80 que perdió con el Madrid en la última jornada. Luego ganaría dos Ligas (las únicas) y una Copa del Rey. También llegaría a unas semifinales del la Copa de Europa (ahora la Champions). Desde entonces un par de sub-campeonatos de Liga han sido las máximas alegrías que nos ha deparado a los aficionados. Como se puede apreciar, no es un club de los que cada poco de dan un título.

Soy de la Real porque me hace disfrutar y porque me hace sufrir, igualito que las personas a las que más quieres. Y soy de la Real por un acto irreflexivo de vinculación a unos colores, una vez que ya me entretiene bastante el fútbol. No hay más.

Puede ser que la Real descienda (esperemos que no). No sería la primera vez en su historia, pero sí la primera desde que yo nací, y por lo tanto no tengo "conciencia" de la anteriores ocasiones. Si así sucede será un duro palo, pero ahí estaré, animando a mi Real, como siempre. Animándola más que nunca, cuando más lo necesita.

jueves, abril 06, 2006

GENIO


Toca un post polémico, seguro, y que despertará no pocas críticas. Pero también sincero, y aquellos que me conocen bien sabrán que no hago más que expresar un sentimiento que me acompaña desde siempre. Seguramente nacido de un complejo de inferioridad y aislamiento, frente al que he desarrollado esta estúpida teoría autocomplaciente.

La cuestión es bien sencilla: casi desde que tengo uso de razón me he considerado un genio, un superdotado intelectualmente. Y pese a mi marcada ideología socialdemócrata, este rasgo de mi personalidad me ha conferido siempre un ramalazo fascistoide del que no me puedo desprender.

El origen está, creo, en mi tendencia procaz a la lectura y la escritura, a diferencia de la mayoría de los niños que conocía y me rodeaban. Además, tenía la costumbre de inventar complejos juegos de geografía y economía que sólo me entretenían a mí mismo. Todo ello me obligaba a una necesaria soledad, de la que nunca he logrado desprenderme. Casi siempre como más cómodo me encuentro es a solas: con un libro, escuchando música y, sobre todo, escribiendo en mi ordenador...

Sigo sintiéndome como un genio: muy inteligente, incomprendido, fracasado, desperdiciado por la sociedad, engreído, orgulloso, estúpido, irresponsable y, en muchas ocasiones, inflexible hasta el extremo. Encerrado en una urna, me defiendo del mundo y de la angustia que me atenaza escribiendo poemas hasta altas horas de la madrugada los fines de semana.

Posiblemente moriré como merezco: olvidado y sin conseguir el reconocimiento infantil que ansío y la gloria que que subjetivamente concedo a mis escritos. Y es que, finalmente soy vulgar como el que más, y no me basta con saber estúpidamente que soy genio para uno solo, y que mis escritos son obras maestras con un auditorio que empieza y concluye en mí mismo.