sábado, abril 19, 2008

Pertenencia



Miro mis manos
y siento que ya no son mías;
son de la tierra,
que ya las confundió
en su lengua
de árboles y montañas

Tengo las pupilas
sembradas
de imágenes que mi memoria
no olvida;
las arrastro,
noto en las entrañas
su peso de artilugios
inútiles

Soy de este mundo,
surcan mis venas
los gritos desgarrados
de unas raíces
en extinción,
como esas voces
que nacieron para nunca
ser escuchadas

Me hundo,
desaparezco,
se injerta mi piel
en putrefacción
en la oxidada herida
del tiempo