sábado, noviembre 29, 2008

Lost (Perdidos)


Lost es una de esas series que te enganchan y que no te sueltan por más que quieras. Las aventuras de un grupo de supervivientes del vuelo Oceanic procedente de Australia que tiene un accidente en una isla en medio de la nada son apasionantes.

Al igual que otra serie de culto que me mantenía los jueves de principios de los noventa pegado al televisor (hablo de Expediente X), Lost ha conseguido que nunca falta a la cita con un nuevo episodio. En realidad es como un culebrón venezolano revestido de mística, pero tiene ese punto adictivo que hace complicado desprenderse de ella.

Lost lleva cuatro temporadas, un tanto desiguales. La primera fue magnífica, la segunda un poquito menos buena, la tercera mediocre y la cuarta sencillamente genial. Precisamente ha sido esta última temporada la que ha reavivado mi interés y pasión por el serial. Aquellos que perdieran el hilo en la tercera, que se desencantaran con ella, tienen la oportunidad de volver a revivir las sensaciones de la primera en esta cuarta: enigmas bien planteados, personajes nuevamente profundos, revelaciones sólidamente lógicas, ritmo trepidante...

Lost basa su éxito (aunque en España se emita por La 2 en sesión continua) fundamentalmente en dos pilares: por un lado la serie va planteando preguntas y enigmas que uno desea desvelar o que le sean revelados; por otro, una sugerente narración basada en flashbacks hace que vayamos conociendo tanto a los personajes como la propia trama de forma secuencial y atractiva.

En definitiva, Lost es una de las propuestas de mayor calidad e interés que ofrece ahora mismo la pequeña pantalla. Ya deseo con impaciencia el aterrizaje de la quinta temporada.