sábado, diciembre 20, 2008

El Intercambio


Otra vez Eastwood. No decepciona, no nos defrauda. Conoce el oficio y cada vez que se pone tras la cámara le arranca lo mejor de sí. También lo logra con los actores, que bajo su batuta alcanzan cotas de interpretación hasta la fecha no logradas.

El Intercambio no alcanza los niveles de perfección de obras anteriores de Eastwood, como Bird, Mystic River, Million Dollar Baby, Un mundo perfecto o, sobre todo, Sin Perdón, y aún así es genial, magestuosa, impecable.

Basado en un hecho real, que conmociona, encuentro en el guión la mayor debilidad del filme. A partir de ahí todo maravilla. Angelina Jolie se merienda la pantalla y borda un papel extraordinario. La fotografía y, mejor aún, la dirección artítica son soberbias. La dirección de Eastwood es sencillamente asombrosa: la cámara se mueve con una elegancia y sencillez sólo observadas en los grandes clásicos; él ya se encuentra entre ellos. Gracias Clint.

Pasar 140 minutos agarrado al asiento, disfrutando, sufriendo, compartiendo... es algo que no está al alcance de todos, pero sí del californiano. Y al final... un regalo, una delicia, una obra de arte que los cinéfilos sabrán apeciar como nadie:
EL PLANO FIJO DE LOS TÍTULOS DE CRÉDITO HA ENTRADO DE LLENO EN LA HISTORIA DEL CINE.
Sólo por él mereció la pena ir a verla, sólo por ese plano que dura algún minuto habría pagado diez veces la entrada... Lloré de emoción, lloré como cuando en Ojos Negros Mastroianni se mete en una piscina de barro, lloré como cuando en American Beauty una bolsa danza arrastrada por un remolino de viento, lloré como cuando en La Doble Vida de Veronika una bola de cristal deforma el paisaje visto desde la ventana de un tren... Lloré, sí, porque asistía con la mirada de un chiquillo al espectáculo sin igual que es la magia del CINE.

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