sábado, diciembre 27, 2008

Elena


Ayer fue nuestro aniversario. Llevamos nada más y nada menos que 19 años juntos. Lo celebramos por todo lo alto, como siempre que encontramos cualquier excusa para pasarlo bien. Llevo más de media vida con ella, se llama Elena y es una preciosidad.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente supondrá (y supondrá bien) que en estos casi veinte años habremos tenido nuestras dificultades. Superarlas juntos ha sido maravilloso. La mayor dificultad es soportar durante tanto tiempo a un energúmeno como yo. La menor, lo más hermoso que ha generado esta relación, es María, nuestra hija.

Elena es una persona especial, muy parecida a mí en algunas cosas y en las antípodas de mi forma de ser en otras. Es tímida, pero no le gusta la soledad. Le encanta viajar, vagabundear por el monte, leer, ir al cine, bailar, reir, escuchar un buen concierto de música clásica, ir al teatro, bañarse en la playa, estar con animalitos y, también, sentarse delante del televisor, sin importar demasiado lo que echen.

Elena es la persona más dulce que he conocido. Todo lo perdona, todo lo disculpa. No tiene maldad, y le cuesta horrores aceptarla o descubrirla en los demás (es lo que tienen las personas verdaderamente buenas, limpias). Sólo se rebela ante las injusticias o cuando está su hija de por medio. No dice un solo taco, ni tan siquiera una frase abrupta o malsonante. No levanta la voz. Todo en ella es dulce, suave...

Me gusta cuando se queda dormida, con el pelo revuelto encima de la carita. Sobre la almohada contemplo el rostro de una niña envuelta en el cuepecillo de una mujer. El tiempo se detuvo hace muchos años para ella. Mantiene la alegría y la inocencia de los chiquillos. Pocas veces la he visto triste. Menos la he visto enfadada.

Si pasáis por Madrid y os encontráis a dos treintañeros pegando brincos en algún tugurio del Barrio de las Letras entonando gastadas canciones de los ochenta sabed que somos nostros. No sé a ella, pero a mí se me estará cayendo la baba como a un tonto enamorado...

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1 comentario:

patricia dijo...

Buscando a Paul Klee, di con este blog, sin intencion más que el arte.... y leer lo que un hombre describe de su mujer, si, un hombre de gran nobleza, me dejó encantada de la vida, porque me resulta profundamente maravilloso la clase de amor que comparten...
No te voy a negar algo.. me vi un poquito reflejada en ella, pero en estos tiempos abunda un poco la tristeza... y me contagio, estaré más vulnerable a mis 35 años supongo.
Desde argentina, un abrazo enorme para ambos.. y celebro la dicha que poseen los tres.

Patricia