viernes, mayo 15, 2009

Miami...


Hacía algunos años que no visitaba esta ciudad, hermosa, salvaje y abrumadora, todo a la vez. Salvo el aeropuerto, que ha mejorado levemente, la encuentro como siempre. Y no es algo malo, me gusta Miami tal y como es.

Cada vez viajo al extranjero con menos frecuencia. Lejos quedaron los tiempos en que cada mes (por motivos laborales) visitaba cinco o seis países. Ese ritmo frenético de viajar no lo echo de menos en absoluto (era agotador), pero reconozco que regresar tras cuatro o cinco años a los lugares que me eran familiares a fuerza de repetirlos me resulta muy agradable.

Aunque, una vez más, estoy por faena, dispongo de un más que razonable tiempo libre, y eso me está permitiendo transitar con tranquilidad por la ciudad. Miami es hermosa. Escribo desde la planta 16 de mi hotel, frente a un enorme ventanal que me permite disfrutar de unas vistas inigualables. Está amaneciendo, y la ciudad va cambiando de color lentamente, y con cada teñido se ve transformada su bella fisonomía.

Viajar es maravilloso. Cambiar, transformarse, regenerarse uno sin olvidar su origen... también.

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