sábado, mayo 23, 2009

Tàpies

El pintor catalán ha ido perdiendo progresivamente influencia en mi forma de entender el arte, y lo cierto es que poco a poco he ido virando hacia otros estilos que, aunque muy cercanos al suyo, para mí poseen un mayor vigor.

Su importancia y trascendencia en la pintura nacional y mundial es incuestionable. Su personalísimo estilo abstracto, muy simbólico, ha sido y sigue siendo una fuente inagotable de inspiración para las nuevas generaciones.

A mí me marcó muy profundamente a principios de los noventa, una época en la que además de escribir incansablemente también encontraba algo de tiempo para la pintura. Su técnica, en la que sobre el lienzo crea densas capas con diferentes elementos (la mayoría de las veces un aglutinante mezclado con polvo de mármol) a los que luego agrede con punzones o cuchillos, me resultaba fascinante.

Los cuadros de Tàpies están vivos: nunca contemplas la misma obra. Cuando vivía en Barcelona, y tenía su museo a tiro de piedra, lo que me permitía frecuentarlo, pude cerciorarme de ello personalmente. Una lenta degradación va transformando sus pinturas, embelleciéndolas, haciéndolas poco a poco piezas enigmáticas, envejecidas a gran velocidad. Uno tiene la sensación de contemplar un alma acelerada.

El mensaje de Tápies es universal, y sus cuadros conectan con lo más profundo de nuestro ser. Asistir a una de sus exposiciones es abrir la posibilidad de mirar en nuestro interior, allí donde nunca solemos adentrarnos.

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