domingo, junio 19, 2011

POE, desde dentro

En los últimos meses, por fortuna, dados los tiempos que corren, el ritmo frenético de trabajo me está impidiendo leer como me gustaría, y mucho menos escribir (aunque ya he reservado un espacio de 45 días durante los cuales dedicaré 4 horas diarias a esta tarea). Es por eso que los libros se amontonan en mi mesilla de noche, y apenas logre avanzar unas páginas de los mismos al final de la jornada.
Sin embargo, ayer terminé de leer las cartas de Edgar Allan Poe editadas hace años por Grijalbo, y que ya había leído de prestado cuando aún vivía en Valencia. Ahora el libro está en mi poder, gracias a los tesoros que ocultan las Ferias del Libro Antiguo, y podré disfrutarlo cuando me plazca.
En estas cartas descubrimos a un Poe por momentos altanero, por momentos lastimero, y casi siempre mendigando una ayuda. Un Poe que se recomía por dentro al no obtener el éxito que creía merecer, y que justificaba sus muchos excesos con indulgencia, cuando no los negaba de una manera que resulta casi pueril. Pero también reconocemos a un genio, incapaz de integrarse en la sociedad, y con una ambición en lo material que casi siempre ha estado vetada a los más grandes artistas. Poe no es ninguna excepción.

Para los amantes de este soberbio y singular poeta y cuentista, que malvivió gracias a sus colaboraciones haciendo crítica literaria, la lectura de estas cartas será una experiencia agradable, pues siempre es bueno, en la medida de lo posible, conocer desde dentro la mente compleja y en ocasiones difusa del GENIO, con mayúsculas.
Dejo una frase impactante de una de una de las cartas dirigida a su padre adoptivo. Curiosamente la dicotomía que plantea, pasados los años, no ha sido tal: Poe cayó en desgracia, pero Poe también ha logrado un éxito sin parangón.
Debo, pues, conquistar o morir, tener éxito o caer en desgracia.

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