sábado, julio 28, 2012

El enredo de la bolsa y la vida

Cuarta y desternillante, como las anteriores, entrega del detective chiflado y rocambolesco de Eduardo Mendoza. Todo un acierto, nuevamente. Posiblemente no a la altura de las dos primeras, que son estratosféricas, pero igualmente magistral.

La picaresca, el costumbrismo, el disparate, la sátira y la exageración se dan la mano, salpicadas con algo de intriga detectivesca, para lograr un conjunto desternillante con el que es imposible sujetar la carcajada cada diez páginas. Mendoza retuerce el lenguaje, lo hace barroco hasta el extremo, como sólo los genios son capaces, para que no escapemos de una trama que en manos de cualquier otro escritor hubiera naufragado estrepitosamente. 

Me chifla el Mendoza de La Ciudad de los Prodigios o La Isla Inaudita, pero me parto de la risa con este divertido y ácido. La mezcla perfecta: La Verdad sobre el caso Sabolta.


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