jueves, mayo 22, 2014

CUANDO ÉRAMOS INVENCIBLES


No soy muy original si digo que mi patria infinita es mi infancia (Baudelaire, Rilke, Delibes...),
ni que muchos de mis textos, especialmente los poemarios (Infancia Perdida,
Origen y Olvido...) tienen a la infancia como protagonista.
En estos tiempos en que muchos de los sueños de mi niñez
se han visto cumplidos, no puedo dejar de pensar en el que fui:
un niño mucho más valiente, inteligente,
atrevido, creativo, culto, curioso...
del adulto en que me he convertido.
Porque para que hoy muchos de esos sueños
se hayan hecho realidad ha sido precioso que otro yo,
mi pretérito, ese con el que me reconcilio cuando estoy dormido,
se dejase el alma a cambio de nada.
Me añoro como un campo, antaño fértil,
que hubiera sido devastado por una sed infinita;
como un campo baldío que ya sólo abre sus fauces
para engullir con hambre voraz los frutos de una despensa
que jamás trabajó,
y en el dolor de las entrañas abastecidas
recuerda las casi olvidadas crecidas de su Nilo particular.

No olvidemos nunca los niños que fuimos,
porque aunque lo intentemos ellos acabarán venciendo... siempre.
No nos olvidemos a nosotros mismos,
nuestra infancia,
el territorio común de todos los seres humanos...
Jamas debemos olvidarnos de lo que fuimos,
de esos seres mágicos que soñaban despiertos...
No te olvides nunca de...

CUANDO ÉRAMOS INVENCIBLES

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